Qué raro es cuando ya uno los va sintiendo como un lastre, o tipo La Letra Escarlata; cuando uno siente que lleva el numerito pegado al pecho. Uno se ve en el espejo y nada, pero después la divagación lleva directo a la comparación y de ahí a la vuelta queda la desesperación.
Bueno, tal vez no desesperación, pero si ese apuro que se siente en el cuerpo, como que ya se le va y no hay forma de comprar otro tiquete. Luego se viene de golpe el “puta, manda güevo”; como si me estuviera muriendo...pero algo adentro se revuelca de risa y susurra con voz chillona: ¿o sí se murió un poquito más?
1 comentario:
y mae... no quiero estar con usted cuando cumpla 50...
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