lunes, 7 de mayo de 2007

Historia viva


Después de dos años (un tiempo muy corto) de práctica de varias artes marciales japonesas enfocadas al manejo de la katana; me llegó el momento de practicar el corte o tamesheguiri, una de las muchas cosas interesantes que enseñan estos artes.

Paso la tarde practicando las katas (series de movimientos encadenados) de Toyama Ryu Batto-Do, un estilo relativamente nuevo; creado a inicios del siglo XX en la escuela militar de Toyama, con el fin de entrenar en el manejo del sable a los mandos medios y altos del ejército imperial japonés.

Mientras sigo practicando los movimientos del Toyama Ryu no dejo de pensar en las aproximaciones técnicas del estilo que practico regularmente: Muso Jikiden Eishin Ryu Iaijutsu. Este estilo nació hace unos 450 años, al calor de un convulso Japón donde los clanes familiares lucharon sin descanso durante siglos por el control de las islas del maravilloso archipiélago.

Este estilo conserva las características tradicionales del manejo del sable japonés, con un nivel de detalle y sofisticación que fue removido del Toyama Ryu, por su objetivo meramente práctico y militar. Aún así, estudiar el Toyama Ryu bajo la tutoría del mestro Fumio Demura, una verdadera leyenda viviente de las artes marciales, convierte el entrenamiento en algo invaluable.

El maestro Demura nació en Japón, ahí estudió con los grandes maestros de varios artes marciales, y luego fue enviado a los Estados Unidos a extender la práctica de dichos artes en occidente. Aprendió Batto-Do del maestro Taizaburo Nakamura, encargado por el Emperador para crear un estilo efectivo, basado en la capacidad del corte; para su estudio en el ejército, de ahí nació el Toyama Ryu.

Durante los dos años anteriores estudié los movimientos y técnicas adecuadas para realizar diferentes tipos de corte, pero más que eso, aprendí a valorar un arte que enseña sobre la superación diaria, y profesa vivir de forma tal que no deje lugar a arrepentimientos; lo más complicado de todo.

El maestro Demura nos invita a pasar al exterior del dojo, nombre en japonés para el recinto donde se estudian artes marciales. Mis maestros buscan un soporte, lo colocan de forma adecuada para practicar los patrones de corte. Acercan un estañón que contiene una serie de ‘tatami’ que han sido puestos en remojo durante dos días.

Los ‘tatami’ son piezas de fibra de bambú trenzado, que al ser enrollados en diferentes grosores replican la resistencia de diferentes partes del cuerpo humano. Generalmente se enrollan para replicar la resistencia de un brazo, o un poco más gruesos, como un cuello. Antiguamente los samurai practicaban el tamesheguiri (corte) en convictos condenados a muerte... con el tatami buscaban una forma más ‘asequible’ de practicar el corte.

El maestro Demura desenvaina su shinken, término para designar el sable con filo vivo; y se acerca con naturalidad al tatami. Mientras da unas explicaciones, corta con pasmosa naturalidad en diferentes direcciones. Después invita a mis maestros a probar el tamesheguiri. Mi corazón late con algo de fuerza, y de pronto un escalofrío de inseguridad recorre mi espalda. El maestro Demura indica a mi maestra Patricia Gallo que invite a algunos alumnos, con un nivel adecuado, para que prueben el corte.

Aunque he practicado los cortes, formas y técnicas cientos de veces, jamás he cortado nada; así que cuando mi sensei (maestro en japonés) me llama frente al tatami me siento algo inseguro. Sostengo el shinken y calculo la distancia como he aprendido, doy un paso atrás, sostengo el sable sobre mi cabeza y respiro de forma profunda pero controlada, como fui instruido. En ese momento, de golpe, se borra todo rastro de inseguridad y reacciono como tantas veces lo he hecho en los kata: el shinken recorre aire y tatami como si fuesen uno sólo.

El corte resulta más vertical de lo deseado, pero me sorprende la facilidad con que sucede; con una renovada seguridad emprendo contra el tatami para terminar todos los cortes que el maestro me indica, logrando mejores cortes y más precisos cada vez.

Luego de un rato pienso en la forma en que cientos de hombres y mujeres, sumidos en un contexto histórico determinado, lograron tal nivel de sofisticación militar, puliendo sus cuerpos, armas y mentes para vivir y tener éxito a base de precisión de la más pura.

Pienso en la capacidad de cientos de maestros que lograron perpetuar y perfeccionar los diversos estilos y artes marciales que datan del Japón medieval. Pienso en como un momento tan pequeño como este es en realidad un punto de confluencia de cientos de años, miles de vidas y millones de historias maravillosas que se unen en un instante de perfecta precisión.

jueves, 26 de abril de 2007

¿Cómo se llama la obra?

Se abre el telón.
El pueblo, armado con antorchas y palos, persigue a un monstruo.
Se cierra el telón.

Se abre el telón.
El monstruo, bien vestido y peinadito, aperece repartiéndole confites a la gente.
Se cierra el telón.

Se abre el telón.
La gente carga al monstruo en hombros y festeja por las calles.
Se cierra el telón.

¿Cómo se llama la obra?
¿Referendo?

miércoles, 25 de abril de 2007

Cambio temático

Como me da un toque de pereza seguir hablando sandeces personales, decidí hacer esta carajada un poco más temática; entonces de ahora en adelante (y espero que un poco más regularmente) voy a tratar de hablar sobre guión para el audiovisual, y alguno que otro tema relacionado.

Voy a buscar nombre nuevo para el espacio y uno que otro cambio gráfico, ahí les estoy avisando.

lunes, 9 de abril de 2007

Cantinflada


El país va con un rumbo claro y eso es importante, porque una de las cosas que en Gobierno se debe tener claro es hacia donde se camina, porque lo peor que puede pasar es no saber a donde va. El país va claro, en una ruta que se sabía, que fue la ruta que se dijo iba a transitar en la campaña política...

No lo dijo Mario Moreno "Cantinflas", lo dijo Rodrigo Arias "El presi"...

viernes, 30 de marzo de 2007

Viacrucis

Léase hincado en granos de maíz para poder compartir mi verdadero sufrimiento

Primera estación: A Jeffrey se le ocurre hacer el trámite para aprobar inglés por suficiencia.

Fue entonces Jeffrey a la Facultad de letras y un cartel le informó de cuatro sencillos pasos para solicitar la suficiencia.
Letras 16:30

Señor, tú que nos dotas de risible inocencia, ayúdanos a conservar la cordura mientras vagamos por este valle de burocracia. Amén

Segunda estación: Jeffrey recoge la boleta

Habiendo peregrinado desde Registro, llegó de nuevo a una oficina en la Facultad de Letras donde el funcionario lo increpó para que consiguiese una copia del expediente.
Letras 17:00

Funcionario de Letras, que estás supeditado a las órdenes de los superiores, ruega para que algún día se cumplan las promesas de consolidación y conectividad, la segunda venida de la matrícula en línea y la comunión de los datos. Amén

Tercera estación: Jeffrey cae en Registro y es condenado a vagar hasta el fin de sus trámites

He aquí, que habiéndose levantado temprano, llegó a Registro, hizo fila y solicitó el expediente.
Registro 8:00

Dios que ayudas a quien a madruga, por favor no ayudes a tanta gente al mismo tiempo. Amén

Cuarta estación: Jeffrey vuelve a Letras y es enviado de nuevo a Registro

“Una vez sellada esta boleta volverás a Registro, pagarás en la caja, entregarás el recibo en matricula, volverás a mi lado y estarás empadronado hasta el día en que te llame a hacer el examen”
Letras 8:30

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Amén

Quinta estación: La cajera ayuda a Jeffrey para que no repita la fila

Luego de un largo tiempo de hacer fila, llegó Jeffrey cansado hasta la ventanilla de pago, más fue condenado a hacer otra fila en la ventanilla continua para conseguir un recibo.
Registro 9:00

Señor, bendice a la cajera que nos da salvoconductos para no hacer la fila de nuevo, cólmala de bendiciones y mantenla ahí para futuros trámites. Amén

Sexta estación: Jeffrey cae en la ventanilla de recibos por primera vez

“Más si no obtenéis una certificación de beca deberás pagar el monto completo por el examen”
Registro 9:20

Es más fácil que un camello entre por el hueco de una aguja a que un tacaño logre terminar un trámite en registro. Amén

Sétima estación: Jeffrey toma una ficha y espera su turno

Una vez llegada la hora pasarás al escritorio, pedirás las certificación y todas tus penas se desvanecerán.
Registro 9:45

Santa Beca de los Limpios, ruega por nosotros. Amén

Octava estación: Jeffrey cae en la ventanilla de recibos por segunda vez y condena a una pobre samaritana

Habiendo hecho fila por un tiempo se le acercó una mujer con rostro dubitativo y le preguntó: -Muchacho, ¿es la primera vez que hace esta fila? A lo que él respondió: - No, es la segunda, porque tuve que ir por una certificación de beca. El rostro de la mujer reflejó una tristeza profunda y se dirigió a hacer fila a la oficina de becas.
Registro 10:00

Bendito seas por permitirnos conseguir el recibo de pago del examen. Amén

Novena estación: Jeffrey logra pagar el derecho de exámen

Haciendo uso de su salvoconducto logró pagar el examen, los cielos se abrieron y un rayo de luz iluminó su frente.
Registro 10:10

Oh Dios, no nos dejes olvidar estos momentos de gozo infinito. Amén

Décima estación: Jeffrey entrega la boleta y duda de su suerte

Y llegando a la ventanilla, luego de otra larga fila, le preguntó a la encargada: - ¿Es acaso éste el final? Y ella respondió: No, aún debes ir a Letras a dejar el comprobante.
Registro 10:30

Señor, no soy digno de terminar estos trámites, pero entregar la boleta en Letras bastará para sanarme. Amén.

Onceava estación: Jeffrey entrega la última boleta

Cerró los ojos, extendió sus brazos hacia la ventanilla y entregó su último papel.
Letras 10:50

Dios todopoderoso, que nos has permitido vivir la pasión y filas de Jeffrey en Registro, no permitas que suframos tal calvario; y por tu infinita misericordia ilumina a las autoridades universitarias para que arreglen semejante barbarie a la hora de hacer un trámite, por Jesucristo nuestro señor. Amén

viernes, 16 de marzo de 2007

Algo “light”


Uno llega a la casa, deja los chunches por ahí; se quita los zapatos y cuidadosamente los tira de forma tal que la posición del uno no coincida con la del otro, finalmente se explaya abruptamente sobre el sillón favorito.

Revuelve un poco por aquí y otro por allá, hasta encontrar el anhelado mando a distancia. Con un movimiento a lo “Clint Eastwood” desliza el control entre los dedos y en simultáneo acciona el botón de encendido: hermosas luces multicolores iluminan la pieza, que hasta hace un momento era sólo un aburrido paraje estático a media luz; una orgía de ondas oscila y rebota en derredor, colmando el lienzo sonoro...

Una vez que el cerebro logra descifrar el espacio simbólico de representación que le proveen los ojos, inicia la experiencia culmen de los últimos tiempos: la televidencia.

Un discurrir imperceptible de líneas nos da la sensación de un movimiento ininterrumpido, que poco a poco nos homologa con la “caja boba”. Hawaii, Bombay, pasan frente a nuestros ojos cuál espejismos maravillosos, oasis de sentido donde podemos descansar del desierto gris e imponente que nos asalta día con día...

Incompleto.

lunes, 12 de marzo de 2007

¡Cuánto lo quiero!


¡Hijo de meretriz, bajel de excrementos, mentiroso, ladrón, hipócrita, falseador fraudulento, traidor, adúltero, glotón, pusilánime, lujurioso, iracundo, hereje, incontinente, homicida y salteador, blasfemo, sodomita, usurero, simoníaco, nigromante, sembrador de discordia y baratero!

Tomado de Baudolino, Umberto Eco.