martes, 27 de febrero de 2007

Santa Democracia

Sistema perfecto, ruega por nosotros.
Estandarte del pueblo, ruega por nosotros.
Garante del poder popular, ruega por nosotros.
Generadora de desarrollo, ruega por nosotros.
Columna vertebral de la paz social, ruega por nosotros.
Defensora de los desposeídos, ruega por nosotros.

Oremos:

Adoramos a Nuestra Señora de la Democracia, con su aura de bondad y su manto de inmaculada representatividad, sentada sobre el trono inexpugnable de la objetividad y dotada de un poder absoluto e incuestionable; rigiendo por encima de todo y de todos, sin temor alguno, por sobre el caos y la barbarie.

Amén.

En andas, a pasitos cortos, la cargamos cada cuatro años en la fiesta del Inmaculado Voto Universal, donde ataviada con refulgentes prendas de millones de colones le rendimos tributo y con fe ciega le rezamos: ¡Santa Democracia, en vos confiamos!

Pues heme aquí, blasfemo y hereje, expuesto ante la excomunión y resignado al destierro político: declaro que no creo en la divinidad de la Democracia, y expongo ante mis hermanos a la meretriz más grande de la historia, dama de compañía de los poderosos y verdadero opio de lo pueblos.

Sistema político nefasto, falaz y enajenante; que no permite cuestionamiento alguno. Enraizado profundamente en nuestras conciencias, validado de forma casi genética por incontables generaciones. Se acepta dudar de dios, pero jamás de la democracia.

A mi, que me taladran la razón las verdades absolutas y me huele a podrido donde saltan las conciencias, me parece más que sospechoso un sistema que ha mantenido en el poder a la elites durante tanto tiempo, perpetuando el poder de padres a hijos, de una forma tan eficaz.

Y si la excepción hace la regla, podemos darnos un vuelta por el caso chileno. No siendo mi tarea la de jugar al historiador, sólo puedo decir que en aquellas ocasiones en que la democracia sirvió para colocar en el poder a posiciones anti-hegemónicas, se desató la furia sistemática del poder de la elites. Y en nombre del todopoderoso mercado masacraron a quienes, de forma casi milagrosa, lograron doblegar el destino manifiesto del sistema democrático. Si no, pregunten a Allende o a algún desaparecido.

1 comentario:

Nat dijo...

Excelente post Jeffrey!!!
Yo también me expongo a la excomunión....creo en el poder de la calle!
Voy a seguir dandome vueltas por tu blog.
Saluditos.